martes, 10 de mayo de 2016

Seguir viviendo.

Tocar el límite con las yemas de los dedos, acariciarlo y sonreír. Ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo, que te hace cuestionarte absolutamente todo. Como si de repente la vida fuera simple y sencilla, como si, con un soplo todo se esfumase.
Últimamente solo me llaman los límites, la velocidad, las risas, la música.
Últimamente me dejo llevar por aquel soplo, por el aire frío de la mañana.
Estoy viviendo, tan rápido como puedo, de repente todo a dejado de tener sentido.
Como si la vida fuera una carrera, como si me hubiese quedado atrás y me hubiese perdido las vistas.
Y, oh dios, qué bonitas.
Es más simple de lo que parece, aunque a primeras parezca tan jodidamente complicado y confuso.
Es muchísimo más fácil.
Simplemente, tienes que
dejarte llevar.
Vivir cada instante como si no hubiera ninguno más.
Como si todo estuviera apunto de terminar.
Decir sí, ignorar el miedo.

Acariciar el límite con las yemas de los dedos,
cerrar los ojos,
respirar hondo.

Seguir viviendo.

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