martes, 19 de diciembre de 2017

19/12/17

Me he dado cuenta de que ya no sé cómo expresarme. Que ya no sé qué quiero, ni qué debo hacer. Estos meses han sido largos, el reloj se alargaba con el movimiento de las manecillas. Han sido como un largo viaje, mirando un paisaje grisáceo, como si nada tuviese color. Cómo si nada hubiera para destacar. Y los días pasaban, y por las noches el tic-tac del reloj no me dejaba descansar, me hundía con él. Acababa fuera, en la noche fría, en un lugar desconocido para mí e inmenso, y un montón de oportunidades que brillaban como las luces de neón. Y así pasaron los días, y las nubes se amontonaban alrededor cómo el humo por las noches. Necesitaba expulsar aquello que me estaba consumiendo por dentro, y los pinceles se movían tímidos sin saber muy bien qué estaban haciendo. Y siempre me pintaban a mí, a mí de diferentes formas, pero siempre vacía. Ahora se acaba, siento que tiene que acabar, siento que tengo que hacer algo. Siento que debo volver a intentarlo, supongo que por eso he vuelto aquí, para recordarmelo. Yo quiero mucho más, muchísimo más, esto se me queda corto. Esto me hace sentir vacía. No puedo soportarlo más. No puedo.
Y ya no sé qué quiero, ni qué debo hacer.
Pero tengo que cambiar algo, y este vacío tiene que desaparecer.

lunes, 11 de diciembre de 2017

11/12/17

Hola

He vuelto. Porque supongo que siempre seremos los mismos, y siempre encontraremos maneras para escapar de ello.
No sé qué  hago aquí, creo que lo necesitaba.
Han pasado muchas cosas a mi alrededor, se han marchado muchas personas, y han aparecido otras que me han hecho evolucionar de una manera sorprendente. Me han hecho ser la mejor versión de mi misma, y sé que me lo debo tanto a mí como a ellos.
Pero ese es el problema, han pasado muchas cosas a mi alrededor, cosas para las que no estaba preparada, como siempre. Pues nunca lo estoy, y no sé si alguien lo está alguna vez, sí es así, le admiro.

A veces me duele el pecho tanto como antes, aunque esta vez es un dolor distinto. Es un dolor vacío, un dolor hueco que me sobrecoge por dentro.
Y miro atrás y me pregunto por qué he hecho todo lo que he hecho, y miro atrás y me pregunto cómo sería mi vida si... Sé que no vale la pena, sé que pensar en esto no lleva a ningún lado. Solo lleva a que ese dolor aumente. Pero en cierta medida me da igual. Porque el problema es eso, es todo lo que arrastro detrás. Cómo seguir adelante, cómo levantarme cada día sabiendo que nada realmente tiene sentido, por qué debería hacer cosas que no quiero, por qué debo ser una persona como todos ellos. Por qué no puedo ser yo.

Sé que busco maneras de escapar constantemente, pero es que debe de haber más. Debe de haber mucho más. Lo único que no quiero tener es una vida vacía como todos los demás, y lo tendré, pues no hay otro modo de vida.
Y busco maneras, maneras de inhibirme, de soñar, de imaginar, de dejar de pensar, de dejar de sentir, y me refugio allí. Allí, en ese rincón donde nada importa, y a la vez, nada duele.
Pero el mundo no puede ser esto. El mundo no se puede limitar a ese rincón, es mi mundo, no el vuestro.
Pero no encuentro las fuerzas de salir ahí fuera, no sé de dónde sacarlas.
Todo me pesa demasiado.

lunes, 13 de marzo de 2017

13/03/2017

Hay algo aquí dentro que lucha por salir, a veces lo noto, lo noto palpitando en el pecho. 

A veces no sé si debería salir corriendo, huir de todo esto, seguir el sonido de aquellos latidos.
No vale arrepentirse, no vale arrepentirse de absolutamente nada.

Hay momentos en los que me siento totalmente en paz conmigo misma, es en esos momentos en los que más escucho aquellos latidos, detrás de mis oídos.
Susurrándome que estoy viva, que estoy viva y que hay cosas maravillosas ahí afuera.
Me susurran que el miedo no vale si no lo enfrentas.
Susurran que cuando caigo debo levantarme, seguir caminando.
Que no se trata de si hay o no luz al final, que se trata de los rayos del sol acariciándome los brazos.
De sonrisas sinceras, de ojos buscándome.
De instantes donde saboreas plenamente la felicidad, donde nada duele.
Sonrisas reflejadas en pupilas.
Que se trata de correr hacia el abismo y saltar, y disfrutar la caída.
De dedos acariciándome la espalda, de instantes de locura.
Vivir.
De no arrepentirte.
 Por qué no hacerlo, por qué no intentarlo.
De dejarte querer.

Y susurran que me debo el mundo y más.
Susurran que soy yo la única que debe seguir luchando, que no debo hacerlo por nadie.
Que hay personas que son mundos, y que igual que quiero vivir mil vidas quiero conocer mil mundos.
Que si quiero salir ahí afuera y vivir tengo que arriesgarme, que vivir cada instante.

Y lo haré.